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19 de febrero de 2009

UNA LECTORA NADA COMUN


Título:
Una Lectora Nada Común
Autor:
Alan Bennet
Editorial:
Anagrama
I.S.B.N.-10:
8433974750
I.S.B.N.-13:
9788433974754
Nº Págs:
128
SINOPSIS: " La reina no lee, o lee muy poco; pero conoce un día a un joven que trabaja de friegaplatos en las cocinas de palacio. Norman, que así se llama el joven, está adquiriendo en préstamo algunos libros a un singular personaje que realiza ese trabajo a domicilio, incluida la Casa Real. Con acertadas dosis de realismo mágico, la reina y Norman traban amistad, y la soberana retoma su antigua afición de leer. Norman pasa de las cocinas de palacio a estar de asesor de la reina..." (www.comentariosdelibros.com)
EL AUTOR: ALAN BENNET. Alan Bennett es autor de muchas y celebradas obras teatrales como "Habeas Corpus", "Forty One Years On", "Kafka's Dick" o "The Madness of George III" (adaptada después al cine), guiones cinematográficos como Prick Up Your Ears (basado en la vida de Joe Orton), y piezas televisivas, en especial "Talking Heads" y "An Englishman Abroad", que lo han convertido en uno de los autores británicos más queridos. Asimismo es muy apreciado como actor. Empezó a escribir prosa hace solo unos diez años. (http://www.anagrama-ed.es)
HAN DICHO DE "UNA LECTORA NADA COMÚN": «Un cuento de hadas cautivador, delicioso y muy divertido. Una aguda meditación acerca del subversivo placer de la lectura» (Michiko Kakutani, The New York Times).
OPINIÓN PERSONAL: Me ha resultado una lectura de lo más agradable. No ya sólo por el tema en sí que me ha parecido muy original, sino por la forma en que está escrito. Es de esos libros que leo con una sonrisa puesta de principio a fin.
Es una novela que recomiendo tanto a las personas adictas a la lectura como a las personas que leen para pasar un rato entretenido.

"Una de las periódicas responsabilidades de la reina era inaugurar el parlamento, una obligación que hasta entonces nunca le había resultado especialmente fastidiosa y que más bien le agradaba: incluso después de cincuenta años era una delicia recorrer el Mall en un carruaje abierto una radiante mañana de otoño. Pero ya no. Temía las dos horas que duraría todo el proceso, aunque por suerte viajaban en la carroza, no en el carruaje abierto, y podía llevarse consigo el libro. Había adquirido la habilidad de leer y saludar con la mano al mismo tiempo, y el truco consistía en mantener el libro por debajo del nivel de la ventana y mantener la mirada en él y no en la muchedumbre. Al duque no le gustaba un pelo, pero, Dios mío, no había más remedio”


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